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el camino 

El camino de todos está hecho de momentos de calma y de momentos tormentosos. De grandes encuentros y pérdidas dolorosas. De épocas de crisis y épocas de estabilidad. A veces sentimos que caminamos con una dirección clara, otras veces estamos totalmente perdidos/as. Hay tiempos en que nos sentimos acompañados/as y hay tiempos en que la soledad duele de tanto que pesa. Tenemos lucidez en algunos aspectos y mucha ignorancia en otros. Y así vamos caminando en esta vida, en esta tierra, con este cuerpo.

Hay etapas del camino en que necesitamos estar acompañados por un/a terapeuta. Esta llamada no es para todas las personas, ni para todos los momentos de la vida. Yo soy una apasionada del trabajo terapéutico. Empecé muy joven y hoy soy quien soy gracias a todas esas horas desgranando mi presente y mi pasado. Acompañada por Teresa Garcés primero, luego por Miguel Albiñana. Muchos años. Muchas horas. No soy objetiva pues me confieso enamorada de la terapia. Un año de trabajo terapéutico me parece básico al menos una vez en la vida. Para revisar la propia historia, para hacernos conscientes del legado recibido de nuestra madre y nuestro padre, para sacar de nuestra mochila algunas normas que ya no nos sirven, para preguntarnos con honestidad si estamos siguiendo nuestra llamada profunda en esta vida o simplemente estamos adormecidos y cumpliendo un plan que nos impide crecer y ofrecer lo mejor de nosotros al mundo.

Entramos en terapia por razones diversas, una crisis personal, un duelo, conflictos con nuestra pareja o nuestra familia, una etapa larga de tristeza y apatía o de ansiedad, ganas de cambiar e incapacidad para llevar a cabo los cambios que deseamos…

Y en terapia vamos transitando por territorios, al principio solemos transitar el del auto-conocimiento, la escucha de nuestras emociones y nuestro cuerpo, la detección de nuestras necesidades, el aprendizaje acerca de mí y otros que está presente en los conflictos cotidianos…

Y mientras esto ocurre vamos descubriendo nuestro carácter-nuestra manera automática de estar y actuar en el mundo- y al tomar consciencia podemos ser menos automáticos y ampliar nuestra capacidad de dar respuestas más creativas-y en las sesiones también van apareciendo nuestros personajes internos para conocerlos y aprender cómo convivir con ellos…

Y según caminamos también aparece nuestra historia personal, con su dolor y su luz.

Nuestra sombra esto que no nos gusta ni nos permitimos y a la vez está pues todo está en nosotros.

Nuestros grandes traumas que continúan resonando y que re-creamos continuamente como una obra de teatro que no paramos de crear. Paramos y volvemos a ese lugar para sanarlo y transformar la información del trauma en otra más liberadora.

Conocer y re-conocer nuestros talentos, los materiales para crear nuestra vida

La espiritualidad ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Para qué esta vida? ¿Es esto todo lo que hay?

Nuestro proyecto de vida con su belleza y el miedo que nos da no ser capaces de vivirlo.

Nuestras emociones y la sabiduría para tomar su información y no dejarnos arrasar por ellas.

Nuestro estilo personal de sufrimiento favorito y cómo tomar distancia y tomarlo con sentido del humor para poder aligerarlo

La integración progresiva de cuerpo-mente-emociones-actos

La escucha de la voz del alma…

Todo esto va emergiendo según transcurren las sesiones…

El orden cambia, emerge lo que es prioritario y hasta donde la persona puede y quiere…

En nuestro camino existe la posibilidad de caminar con más consciencia, más plenitud y de poder ser mucho más creativos. Cada persona necesita encontrar su puerta o sus puertas para acceder a este vivir con más vida. Para mí estas puertas son la terapia, la naturaleza, la espiritualidad y la belleza. Solamente puedo animarte a buscar tus puertas, venimos aquí muchas veces, eso intuyo, pero lo que dejemos de hacer ahora se queda sin hacer y hay muchas personas esperándonos.

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