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La Sabiduría de la Aceptación

Hay sabiduría en aceptar en profundamente lo que está pasando, sin cuestionarnos, sin juzgar o buscar culpables. Aceptando lo que hay y lo que soy. Yo bebo de esta sabiduría cuando contemplo la naturaleza. También contemplando a mi hijo. La naturaleza y mi hijo me hablan de estar con lo que hay, de aceptar, de permanecer, de vibrar con la vida tal cual se despliega ante mis ojos.

Vivimos en una civilización que no reconoce la diferencia entre los espacios en que nos es posible controlar, manejar, influir y otros en los que esto no es posible. Esta confusión nos lleva a sufrir por aspectos que son así, que forman parte de la vida. No podemos hacer nada para escapar de estas experiencias, ni para evitar que quienes queremos escapen de ellas.

En esta vida hay muerte, hay enfermedades, hay pérdidas, hay accidentes, hay imprevistos, hay amores y desamores, hay gente que nos gusta más, gente que nos gusta menos y gente que no nos gusta nada. Yo puedo intentar prevenir un accidente pero en última instancia si ocurre es debido a que numerosas coincidencias concurren y sucede y me afecta a mí. Yo puedo guardar una dieta estrictamente vegana, puedo hacer deporte y comer productos biológicos y ser yo la que soy diagnosticada de cáncer de mi grupo de amigos/as. Hay aspectos que se escapan a mi control. Puedo hacer acciones que me ayuden a tener menos posibilidades de padecer esta enfermedad pero la última palabra no me pertenece. Yo puedo estar abierta a vivir una relación de pareja, dispuesta y deseosa y sin embargo en mi vida no darse el encuentro con otro que desee vivir conmigo una experiencia de pareja. Puedo tener novio desde los quince años y dos hijos preciosos, y una bonita casa, puedo tener esto y un día mi marido decide que se quiere ir. Todo esto puede suceder. Son experiencias humanas que aparecen de tanto en cuanto.

Yo puedo dar vueltas y vueltas a cómo es posible que una persona que conozco sea tan mandona, borde, quejica…pero al final esa persona existe y solamente puedo revisar qué me pasa a mí con esto, cómo quiero responder ante esta actitud de esta persona y cuánto me quiero yo relacionar con esta persona.

Hay espacios que se escapan a nuestro control: el amor, la vida y la muerte no dependen de mí. Puedo ansiar quedarme embarazada y no suceder, no depende de mi voluntad. Yo me abro a ello pero la vida tiene la última palabra. Reconocer nuestro tamaño (puedo poner de mí, pero no tengo la última palabra) nos da descanso y nos abre a nuestros propios límites.

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La Sabiduría de la Creatividad

El tema no es lo que nos pasa, si no cómo vivimos lo que nos pasa.

Hay otros aspectos en la vida en los que podemos influir y en los que podemos cultivar ciertas actitudes y en cambio vivimos como incuestionables y cerrados. Yo no puedo evitar sentirme agredida a nivel emocional en algunos momentos de mi vida pero yo puedo decidir cómo responder cuando me siento agredida. Yo me creo que esta es la única manera de transitar por esta experiencia porque vivir que puedo dar otra respuesta, que puedo elegir cómo responder me coloca en un lugar más expuesto ante mí misma y ante los/as demás. También hay compromisos que vivo como estáticos, cerrados y no lo son. Yo puedo decir que no a un compromiso que asumí en el pasado si ahora reviso y ese compromiso no se corresponde con mi necesidad profunda. De nuevo esto me puede colocar en la difícil situación de decir que no a personas importantes para mí. También puedo dar por asumido que es casi imposible tener pareja o tener un trabajo que me guste y de esta manera evitar exponerme a una experiencia en la que me siento frágil, vulnerable y es un terreno desconocido para mí. Yo misma estoy cerrándome a esta experiencia.

Es importante estar atentas a cuando entonamos la canción yo soy la víctima de las circunstancias, o de los comportamientos de otras personas o de la vida en general. Ahí estamos jugando a ser impotentes, y no es verdad. Puede que no sepamos cómo responder pero siempre hay maneras de dar respuestas más creativas y felices.

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La Sabiduría de las Heridas

Cada herida es una posibilidad de sabiduría, cada equivocación me habla de mí misma, cada adiós se llevó consigo una parte de mí o una creencia ingenua, cada abuso vivido me habla de mi dificultad para poner límites y me ayuda a saber que yo no deseo abusar a otros, ni vivir así mis relaciones. Cada persona de mi vida me ha dejado un legado.

La vida levanta mi pasado con un bisturí y las heridas están al aire.

Una vez más.

(Abril 2002)

Hay heridas que sangran y sangran. A veces sangran y duelen, otras sangran y la mente nos marea con miles de pensamientos.

Si la herida sangra y duele es importante consolarnos. Acompañar esta parte nuestra que se siente sola, herida, extraña. Hemos creado una sociedad que es bastante inhóspita. La soledad y la sensación de desarraigo son producto de la manera en que está creada esta civilización de consumir más sin saber muy bien por qué. Darnos consuelo, palabras amables, tratarnos con cuidado y amor, arroparnos con una manta, confortarnos, recordarnos nuestros valores, buscar consuelo y apoyo con amigos/as y terapeutas hasta que la herida esté más curada.

Si la herida está hecha de enfado es importante reconocer que estoy enfadada y que el enfado es una emoción que me da información de que algo me ha molestado y que hay algo que necesito expresar o cambiar. Lo primero es poder expresar ese enfado en un entorno seguro. A una amiga o amigo, en terapia, corriendo por el parque o gritando en el coche, luego puedo reflexionar qué quiero expresar a la persona con la que estoy enfadada, qué cambio quiero proponer. Todo lo que contengo se queda conmigo y se expresa de otras maneras (dolores de cabeza, ansiedad, enfados con otras personas que no tienen nada que ver con el asunto, irascibilidad). Lo primero es reconocer y poder desahogar para que esta energía no nos dañe, ni haga daño a otros/as. Luego reflexionar qué necesito expresar y cómo. Si me da miedo, pues reconozco que estoy enfadada y que aún no puedo expresar porque me da miedo. Hago lo que me es posible hacer en ese momento.

Si la herida está hecha de miedo busco mis recursos internos y externos para enfrentarme a ese miedo. Los busco y los reconozco. Les doy nombre. A veces el miedo es tan grande que ocupa todo el espacio y no nos deja espacio para reconocer nuestros recursos.

Si la herida está hecha de pensamientos obsesivos que me vuelven una y otra vez es importante dedicar un tiempo a estos temas. Hacer un listado de asuntos pendientes y cuando tengamos tiempo dedicar un par de horas a uno de ellos. Escribo el asunto tal y como yo lo pienso. Luego lo reescribo quitando los juicios (horroroso, bueno, malo, positivo, negativo, bonito…), lo reescribo mediante una descripción. Por ejemplo, la relación con mi madre es horrorosa y nos llevamos fatal. Vale. Luego reescribo describiendo concretamente qué nos pasa y eliminando los juicios. Yo hablo y mi madre critica lo que yo digo. Ahí ya puedo empezar a trabajar con cada elemento de la frase. Describo a mi madre. Describo sus críticas. Describo mis sensaciones cuando me critica. Describo qué beneficios me da hablar con ella. Describo todos los elementos lo más extensamente que puedo.

Después busco qué partes mías tienen que ver con esto. Por lo menos dos, quizás tres. Si me molesta tanto que mi madre me critique es porque yo me critico mucho a mí misma, estoy en pelea entre lo que creo que debería ser y la que soy. De otra manera no me molestarían tanto las críticas de mi madre (sí, soy desordenada en mi casa ¿y qué? ¿por qué debería ser de otra manera?). Entonces indago cómo es mi relación conmigo y cómo quiero que sea (o sea practico el dejarme en paz, y solamente hacer cambios en mí misma cuando lo deseo yo y tiene sentido para mí). También puede ser que doy mucha importancia a lo que mi madre dice de mí, y lo que ella dice es solamente su opinión. Ella tiene derecho a tener su opinión acerca de lo que yo hago o digo y yo tengo derecho a seguir haciéndolo o diciéndolo. Por otro lado preguntarme que si mi madre me critica tanto y a mí me afecta qué hago yo contándole cosas que son tan importantes para mí.

Es como estar con algo un tiempo e ir desmenuzando de qué está hecho. Cuando hay muchos juicios o palabras extremas (siempre, nunca, porque él es, porque esto es imposible…) vamos alejando de nosotras la posibilidad de desenredar esta herida.

Si hemos sufrido la herida del rechazo podemos querer ser siempre aceptadas de una manera compulsiva, amor-amor-amor a toda costa. Incluso cuando las personas no nos interesan, ni siquiera son de nuestra tribu. Cuando esto sucede paro y miro de qué tribu soy yo y de qué tribu son ellas. Si no son de la misma tribu y esa tribu no me interesa suelto esta obsesión con delicadeza y doy amor a mis heridas.

Otras veces nos quedamos prendidas en historias que no son nuestras. Cuando esto pasa me meto en las películas de otros (lo que ellos piensan, sus críticas hacia mí y mis actos, su visión del mundo) y me pierdo mi película (lo que yo vivo, mis valores y mis necesidades profundas). Cuando escucho lo que el otro me dice, me doy cuenta de que solamente es su visión. Tiene que ver más con él o ella que conmigo.

Si aún así me quedo atrapada en este asunto hay algo que para mí es importante en esto que está pasando, puede ser que yo necesite la aceptación plena de esa persona y ¿para qué? Lo más importante es sentir desde mi corazón y desde mi sabiduría profunda que el camino que tomo es el correcto para mí en este momento. Lo demás son sucedáneos de este contacto profundo. También puede ser que algo de lo que esa persona nos dice sea verdad en parte para nosotras. Lo miramos, lo observamos sin juicio, tomamos lo que nos interesa y soltamos lo que nos sobra o no nos valga en este momento.

Hay veces que nos ponemos a juzgar y juzgar la vida de la gente que nos rodea, esto es así especialmente con familiares, amigos/as cercanos/as y colegas. Si nos observamos con atención podemos darnos cuenta de que a nivel más sutil también nos sucede con desconocidos, vecinos y gente con la que nos cruzamos por la calle. Cada cual viene a la vida en la tierra a tener una experiencia, su experiencia. Muchas veces no encaja con las que nosotras deseamos tener, o con lo que a nosotras nos parece adecuado o interesante. La tierra es un lugar en el que es posible tener experiencias muy diversas: pasar la vida en un convento, tener familia numerosa, ir a la guerra, viajar en una furgoneta recorriendo un continente o trabajar en una gran multinacional. Cuando juzgo a otros/as estoy asumiendo que mis valores y las experiencias que yo priorizo son mejores que las que está eligiendo la otra persona. No tenemos ni idea de qué experiencia es la que la otra persona necesita para crecer y aprender. Soltar los juicios y relajarnos para poder tener nuestra experiencia es una manera sabia de transitar por este territorio.

A veces las heridas se cubren de pensamientos obsesivos y así no duelen tanto. Esto nos suele suceder cuando experimentamos mucha rabia y resentimiento o mucho deseo. Es como estar continuamente pasando una película, la misma película acerca de lo que me hicieron y no deberían haberme hecho o de lo que no hicieron y deberían haber hecho. Son heridas de duelo y resentimiento. Cuando esto sucede es importante poder expresar esto fuera de nosotras, escribirlo, gritarlo o dibujarlo. Si no es suficiente yo busco palabras o frases que me cortan el rollo. Trato de que sean liberadoras, amorosas o humorísticas y así mi mente para y me doy cuenta de que otra vez estoy entrando en la misma sala a ver la misma película.

Cuando alguien se enamora locamente de una persona que ni conoce ni está disponible, mi frase “corta rollo” preferida es me gusta sólo un poco. Así la mente para el discurso enloquecido de todas las maravillas (imaginadas) del amado.

Otra película que nos enloquece a las mujeres, al menos una vez en la vida, es cuando alguien de quien estamos enamoradas nos deja. La mente se pone a pensar que él volverá, sí, la mente necesita pensar esto y agarrarse a algo para evitar el dolor de la pérdida. A mí me encanta la frase “Ese hombre no es para mí” o “Esa mujer no es para mí”.

Puedes crear tus propias frases sabias que paren cualquier película que te esté haciendo daño.

Cada herida tiene su medicina. Si hemos sufrido la herida del rechazo nuestro corazón se abre compasivo ante la gente excluida. Si hemos vivido la herida de la soledad podemos desarrollar muchas ganas de estar en grupo y mucha capacidad para generar tribu. Cuando una herida se repite y aprendemos de ella, nos hacemos sanadoras de esa herida. Para sanarnos a nosotras y a quienes nos encontramos en el camino.

Cualquier cosa que te haya pasado puedes convertirla en una ofrenda al mundo. De esta manera la herida se convierte en sagrada.

 

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La Sabiduría de la Perspectiva

Observar lo que nos ocurre desde otro lugar, con más distancia.

Yo a veces lo miro como si estuviera en la universidad y estoy cursando asignaturas. Ahora estoy en la asignatura del enfado crónico, o en la asignatura de la aceptación de las diferencias entre hombres y mujeres o cursando el practicum del duelo o ensayando cómo estar en las encrucijadas o en cómo detectar y parar agresiones. Esto me da alivio y mayor capacidad de ver la situación con perspectiva.

Esta metáfora nos puede ayudar a situarnos y es un empujón para aceptar nuestro momento vital. Mucha de nuestra energía se va en resistirnos a lo que estamos viviendo. En esta universidad hay dos características. Una es que hasta que nos pasan las cosas no sabemos la asignatura a la que estamos apuntados, otra es que la asignatura está totalmente adaptada a nosotros y podemos cursarla de maneras sumamente creativas.

También podemos elegir qué asignaturas queremos cursar. Podemos poner nuestra atención y nuestra intención en cultivar alegría en nuestra vida cotidiana o en estar con consciencia viviendo cada día.

Cuando estoy en la consulta siento un estado de intensa neutralidad. Lo que ofrezco de mí es neutral, lo que aparece ante la persona que acompaño y ante mí misma tiene este sabor de neutralidad. Así es. Esta neutralidad me da perspectiva.

En esta neutralidad la sombra, los impulsos destructivos y autodestructivos, los celos, el odio, la pasión ciega, el deseo feroz, las máscaras, los personajes perversos, los sacos sin fondo, los laberintos sin salida tienen un lugar. Así es. Esto es lo que siento, esto es lo que hay y puedo decidir qué hacer con ello, pero no puedo decidir que esto no esté presente en mí en este momento.

Desde este lugar puedo acoger todo, o casi todo. Me doy cuenta de que me cuesta más acoger algunos aspectos que otros, al igual que me pasa con aspectos de mí misma. Cada persona que me encuentro refleja un aspecto de mí misma. Si no puedo acogerlo en mí, no tengo la capacidad de acoger este aspecto en la persona que tengo delante.

Soy una enamorada del trabajo terapéutico. Siento que es un lugar de neutralidad, donde descansar de intentar ser quien no soy o de lo que me dijeron que debía ser. Un lugar donde poder aflojarme y mirar mi vida con perspectiva.

La neutralidad de estar en lo que hay sin juzgar es un regalo de sabiduría y libertad interior. Me guste o no me guste esto es lo que hay y cuando antes me dé cuenta menos balones voy a echar fuera y antes puedo aprender a manejar mi maquinaria.

También me ayuda pedir ayuda a mis guías. Aún no sé si mis guías son la parte más saludable-sabia y amorosa de mí misma o son seres que me acompañan desde el otro lado de la realidad. No lo sé y no me importa. Sé que están y que puedo recurrir a ellos. Cuando me hablan me dan una perspectiva sabia, amorosa y sencilla de lo que ocurre. Yo intuyo que hice una serie de pactos antes de venir aquí y que muchas de las cosas que me ocurren responden a esos pactos. Algunos pactos son energía que yo misma generé en otras experiencias previas a esta vida y que vuelve a mí para liberarse y otros pactos son pactos de amor y crecimiento. Cuando me conecto con esta visión mi perspectiva se amplía desde antes de estar en este cuerpo hasta que me despida de él. Y hay descanso cuando recuerdo esto. Hay una voz que me susurra todo está bien y ya lo entenderé.

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